El autor Ignacio Lagarda plasma en su obra recuerdos y anécdotas de la vida del ex Gobernador de Sonora
“La motivación de este libro nace de contar una historia de un hombre que no quiso protagonismo, pero que dejó una huella profunda en la sociedad sonorense porque a veces las vidas más valiosas son las que menos buscan ser contadas”. Ignacio Lagarda Lagarda, autor del libro
UN RECUENTO DE RECUERDOS y anécdotas de la vida de Samuel Ocaña más allá del hombre público, es la esencia del libro “Samuel Ocaña, una biografía libre”, a cargo de Ignacio Lagarda Lagarda.
La presentación del libro se llevó a cabo el pasado miércoles 13 de mayo en el Teatro de la Casa de la Cultura, ante la presencia de familiares, amigos y funcionarios públicos.
Javier Ocaña, presidente de la fundación Samuel Ocaña y nieto del ex gobernador, agradeció al autor de esta obra y reconoció la labor de su abuelo no sólo como médico y político, sino como ser humano.
“Su historia sigue despertando interés y curiosidad incluso en generaciones que no alcanzaron a conocerlo. Es un reencuentro con el ser humano, anécdotas y de alguien que dejó una marca en la vida pública y social de la historia.
Descubrir una trayectoria que estuvo marcada por la disciplina, no es solamente reconocer la trayectoria de un médico político o servidor público, sino de un hombre que supo transformar el poder en una herramienta para servir”, destacó.
Los comentaristas Ignacio Almada Bay, profesor investigador del Colegio de Sonora y Manuel Puebla, quien fue secretario de Fomento Industrial y Comercial en la administración de Samuel Ocaña, platicaron algunos de los pasajes del libro y experiencias que tuvieron con él, desde su labor como médico, político y ex Gobernador de Sonora.
Esta es una “biografía libre”, dijo Ignacio Lagarda Lagarda, pues en vida Samuel Ocaña le pidió que no la hiciera, pues siempre insistía en que a nadie le iba a interesar su vida.
“Yo siempre quise escribir la biografía de Samuel Ocaña. Me decía: ‘No insistas en que escribas mis memorias, ¿a quién le puede interesar mi vida?’”.
En la elaboración de este libro y con entrevistas de familiares, amigos, políticos y ex colaboradores de Samuel Ocaña, el autor encontró una semejanza con la del ex Gobernador, ser originarios de la sierra sonorense y así es como comienza el libro.
Desde sus orígenes en la sierra, su formación como médico, su lucha estudiantil, su formación como servidor público y político, pero sobre todo como ser humano y los valores que lo distinguieron, aseguró, como uno de los mejores gobernadores de Sonora.
EL LADO HUMANO
La nieta del ex gobernador y actual jefa de la Oficina del Ejecutivo, Paulina Ocaña, dijo que este libro muestra el legado que dejó el médico, político, ex presidente municipal de Arivechi, ex Gobernador de Sonora, pero sobre todo el ser humano.
“En este libro se cuentan los orígenes de su vida profesional, política y social, su llegada y también su partida, pero sobre todo celebro que existe un apartado que cuente sobre el ser humano, porque más allá del hombre público aquí van a conocer al Samuel Ocaña humano”, mencionó.
En la presentación del libro Paulina Ocaña habló en nombre de su familia, ante la presencia también de su abuela Albita Zaragoza de Ocaña.
En esta biografía se retratan aquellas historias que en alguna ocasión le contó a ella y que a través de las páginas es como si estuviera platicando de nuevo con él.
“Aquí muestra más allá del hombre público, muestra a Samuel Ocaña humano, que eso es lo que más rescato, esas anécdotas que él me contaba desde la infancia aquí las pueden encontrar y haz de cuenta que estuviera contándomelas de nuevo”, dijo.
*NOTA tomada del periódico EL IMPARCIAL
“Esta biografía nace de alguien que hizo tanto por los demás que nunca se detuvo a contarse a sí mismo y esa fue parte de la arqueología emocional que tuvo que hacer Nacho (Lagarda) para escribir ese libro entre recuerdos, silencios, anécdotas…”: Paulina Ocaña, nieta del ex Gobernador y actual jefa de la oficina del Ejecutivo
Palabras de Paulina Ocaña, nieta del ex Gobernador Samuel Ocaña, durante la presentación del libro:
Muchas gracias a todos por su asistencia, por acompañarnos esta tarde, gracias a todas las personas que participaron en la elaboración de este libro, compartiendo sus experiencias, sus recuerdos y sus anécdotas, que solamente pueden contarse desde la cercanía, el cariño y la vivencia propia.
Pero desde lo más profundo de mi corazón, muchísimas gracias a Ignacio Lagarda (autor del libro), muchas gracias por tomarse el tiempo de escuchar, de investigar, de escribir la biografía de Samuel Ocaña, con tanta sensibilidad y profundidad. Porque, vaya que fue una hazaña. Yo creo que no ha existido un ser humano más renuente a hablar de sí mismo que mi propio abuelito.
Pero justamente eso hace aún más valiosa esta biografía. Nace de alguien que hizo tanto por los demás que nunca se detuvo a contarse a sí mismo. Y esa fue parte de la arqueología emocional que tuvo que hacer Nacho (Lagarda) para escribir este libro: escarbar entre recuerdos, silencios, anécdotas, para descubrir no solamente quién fue, sino qué legado dejó en cada uno de nosotros.
En este libro se cuentan sus orígenes, su vida profesional, política y social, su legado y también su partida, pero sobre todo, celebro que existe un apartado que cuente sobre este humano, porque más allá del hombre público, aquí van a conocer a Samuel Ocaña, al hombre sencillo, al hombre creativo, al hombre que nunca perdió la capacidad de asombro.
Yo les quiero compartir lo que sentí cuando tuve este libro por primera en mis manos, en él se reflejan muchísimas historias.
"Señor Presidente, ¿me permite darle un abrazo?"
Por ejemplo, aquí en el libro, como bien contaban, viene una de mis historias favoritas, cuando estando allá en la Ciudad de México con mi abuela, llegan ellos al hotel y estaba un agente de la Secretaría de Gobernación esperándolo, porque lo buscaron por todas partes, vivía en México, y no sé en dónde se había metido, pero no lo encontraron.
Total (el agente de Gobernación) le dijo: "Bueno, he estado buscándolo por todas partes porque tiene usted una cita a primera hora con el presidente (José) López Portillo, lo está esperando”.
Al día siguiente llega mi abuelito al Salón Presidencial y se quedó viendo el tamaño de aquella oficina y pensó: "¿Cómo rompo el hielo?" (Viendo que al final estaba el Presidente?. Entonces, se acerca, abre los brazos y dice: "Señor Presidente, nunca había estado en un salón así de grande, ¿me permite darle un abrazo?". Y ahí fue cuando el Presidente cedió y rompieron un poco el hielo en el ambiente.
Hablaron del Valle del Yaqui, de los pescadores en huelga que estaban en Guaymas y de muchos temas más. Y a cada preocupación que le presentaba López Portillo, mi abuelito con una serenidad muy fluida le respondía: "No, Presidente, no, no se preocupen, eso no es problema, tiene solución."
Y entonces se presentó el tema de a lo qué lo llamó el presidente López Portillo a mi abuelito: El Presidente le preguntó sobre los aspirantes políticos para la gubernatura. ¿Y qué fue lo que contestó cuando le preguntaron por Salomón?: "¡Excelente, presidente!", Cuando le preguntaron por Alicia: "¡Excelente, mi presidente! También sacamos adelante la candidatura". De cada uno de ellos se expresó de manera formidable.
Entonces, cuando se despedían en el marco de la puerta el Presidente dijo: "¿Y usted? Me dicen que es egresado del Politécnico Nacional?". Mi abuelito le dijo; "Sí, soy médico rural." Y se fue.
(Pero tal y como lo relata Nacho en su libro, en ese mismo momento los Naranjeros de Hermosillo habían ganado la Serie Mundial contra los Yankees. Pero en ese mismo Samuel Ocaña ni muchos sonorenses se habían dado cuenta.)
“Tengo reunión con el secretario particular, no con el Secretario”
También viene a la mente la historia de cuando mi abuelito le pidió a María Eloísa Duartes Montaño que citara a todos los colaboradores de su gabinete, para una primera reunión de gabinete. Le pidió que los citara a las 8:00 de la mañana en el Salón Gobernadores. Iba a ser su primera reunión de gabinete. Total que llega a la mañana siguiente, 8:00 de la mañana en punto y solamente Marco Antonio Buesos estaba presente en el Salón Gobernadores.
En fin, lo saludó, le dio las gracias y le dijo que no iba a haber ninguna reunión. Y nunca más volvió a convocar una reunión de gabinete en todo su sexenio. Y yo le pregunté a mi abuelito la razón.
Le dije: "Bueno, ¿y por qué no volviste a convocar a tu gabinete?". Y me respondió: "Es que yo iba a tomar este espacio, era la primera vez que iba a poder contar a mis colaboradores la visión que íbamos a tener como gabinete, como gobierno. También quería ver la personalidad que tenía cada uno de ellos y que a su vez ellos también me conocieran”.
Entonces dijo, "bueno, no los voy a citar a todos, tenemos que trabajar de alguna manera. Entonces dijo que los iba a estar llamando uno por uno y les iba a estar dando encargos precisos.
A la mañana siguiente pidió que lo comunicaran con uno de sus Secretarios. La asistente dijo que no había llegado a la oficina todavía el Secretario. Él dijo, bueno, pásenme al subsecretario. Tampoco había llegado el subsecretario. Entonces dijo, bueno, pues pásenme a quien esté en la oficina en este momento. Y le pasaron al secretario particular del Secretario.
Entonces habló con él y le pidió que asistiera a la oficina para darle ciertas instrucciones. Y llegó, le dio las instrucciones y le dijo: "Vas y le dices al subsecretario lo que te acabo de decir, sacas adelante los encargos que te di y nos vemos en 15 días”.
15 días después llega el Secretario a su oficina y lo anuncian, ahí con la secretaria. A lo que respondió mi abuelito: "No, yo no tengo reunión con el Secretario. Yo tengo reunión con el secretario particular del Secretario". Pregúntenme si alguien volvió a llegar tarde algún día a su oficina.
Esta experiencia a mí me tocó que mi abuelito me la contara personalmente.
¡¡¡ 5 mil millones para nueve presas!!!
Mi abuelo creía en el servicio público, que debía crecerse con disciplina, pero sobre todo con congruencia. También, no sé si ya saben de otra de las anécdotas que viene ahí en el libro, de cómo consiguió las nueve presas.
Fue una vez que se reunió con el presidente López Portillo y le dijo: "Señor Presidente, quiero construir nueve presas para el estado de Sonora." Y él le responde: “¿Nueve?". Entonces, él le confirmó, "Sí, señor Presidente, nueve, ya tengo yo los 5,000 millones de pesos, nomás me faltan otros 5,000 millones de pesos, que usted me apoye con ellos".
El Presidente dice, "pues ni modo que le diga que no". Entonces le habla a Francisco Merino Rábago, secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos (SARH) para darle instrucciones y le dice, "Ahí te va a ir a visitar Samuel Ocaña". Y ahí va mi abuelito directamente con él y le cuenta todo lo que había platicado con el Presidente. Y el funcionario federal le pregunta, "¿Cómo que quieres construir nueve presas? ¿De dónde crees que voy a sacar tanto dinero?".
Entonces le dice mi abuelito: "Mira, yo me comprometí con el Presidente a construir las nueve presas que él quiere para el estado de Sonora". Entonces Merino llama a su subsecretario y le dice, "Bueno, subsecretario, reúnan 5,000 millones de pesos, mínimo; cancele todos los programas que tengamos en otros estados, pues estas son las presas del Presidente”.
Y mi abuelito le confesó a un grupo de amigos lo mismo que me dijo a mí, lo cual viene plasmado en el libro. En una reunión dijo: "Pues bueno, le eché una mentirilla al presidente”. La verdad es que nunca tuvo los 5,000 millones de pesos para construirlas. 5,000 millones de pesos era el presupuesto total. Y terminaba de contar esa anécdota con esa sonrisa pícara que le caracterizaba.
Esa anécdota dice mucho de él porque entendía que gobernar era también insistir, convencer y pelear por su estado.
Me podría pasar aquí horas contándoles más anécdotas que nos compartía de vez en cuando y a la larga. Y es que aunque nunca quiso convertirse en personaje, terminó cayendo en la hermosa paradoja que mientras menos interés tenía en hablar de sí mismo, más razones encontraba el tiempo de hablar de él.
Hay personas que pasan la vida intentando entrar a la historia y no lo logran, pero hay otras que terminan en ella sin haberlo pretendido nunca.
“Ay muchachita, yo no estoy solo"
Y en el marco de la presentación de este libro, y así como viene en la contraportada, yo quiero compartirles una anécdota muy personal.
Una vez estábamos allá en el pueblo, en la mesa de la cocina, y le dije, "Oye, abuelito, ¿por qué no te vienes de la casa a Hermosillo? Estás aquí tú solo. ¿Qué haces tú? Y me responde: “Ay muchachita, yo no estoy solo". Y me señala un librero que tenía lleno de libros de techo a piso y me dice, "No estoy solo; mira, cuando uno agarra un libro y lee es como si estuvieras teniendo una conversación personal con el autor".
Qué sabias esas palabras de un hombre extraordinario. Porque hoy entiendo la magia que tienen los libros, nos permiten seguir conversando con quienes amamos, incluso cuando ya no están aquí físicamente. Y justamente eso me pasó leyendo este libro. Reviví muchas historias que mi abuelo me contaba desde que era niña y la manera en la que la redactaste Nacho (Ignacio Lagarda) es como si él me las estuviera contando otra vez.
Gracias Nacho por regalarnos esta posibilidad, por permitirnos esta conversación eterna con el niño de la sierra, con el hermano, con el médico, con el padre, con el esposo, con el gobernador, pero para mí siempre mi abuelito, el doctor Samuel Ocaña. Muchas gracias.